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1930: Éxito internacional y fragmentación social


En 1930 el área urbana de Barcelona contaba con 1.107.000 habitantes y desbordaba los límites municipales establecidos tres décadas antes. De los 1.005.600 que vivían dentro del término de Barcelona, el 49% había nacido fuera de la provincia (un 37% fuera de Cataluña). Destacaban los ciudadanos originarios del interior de Cataluña, seguidos de valencianos, aragoneses y murcianos.

La electrificación, el empuje de las industrias metalúrgica y química, la Primera Guerra Mundial (con los abastecimientos a los países enfrentados), la creación del metro y las obras de la Exposición Internacional, celebrada en 1929, incentivaron un crecimiento urbano especialmente intenso en los años veinte, cuando llegaron a Barcelona 370.000 inmigrantes.

“París del sur” o “Nueva York de España”, como retóricamente se la denominó, Barcelona era el principal foco de atracción humana de todo el Estado.

 
 

El imán barcelonés se había hecho sentir por toda Cataluña e incluso más allá de la antigua Corona de Aragón, sobre todo en el litoral, por Murcia y Almería, dos provincias muy castigadas por la crisis de la minería y la situación en el campo. En contraposición, el desarrollo tecnológico, los negocios especulativos y la vida cultural y bohemia habían contribuido al crecimiento de la colonia extranjera, ampliada a su vez por la guerra europea: en 1930 ascendía a 27.000 personas, un 2,7% de los habitantes del municipio de Barcelona.

A los destinos tradicionales de los recién llegados en el casco antiguo y en los antiguos suburbios fabriles del Pla se sumaron nuevas barriadas periféricas en el norte de Sant Andreu (La Trinitat) y hacia poniente (Collblanc), mientras los barrios de barracas proliferaban en la playa, en Montjuïc y en la periferia del Eixample. Más allá, la expansión urbana alcanzaba L’Hospitalet —la Murcia Chica—, Santa Coloma, Sant Adrià y Badalona.

La precariedad en que vivía gran parte de la población, por la dureza de las condiciones laborales, los exiguos salarios y las deficiencias en el ámbito de la vivienda, fue una causa fundamental de la fuerte tensión social a lo largo de todo este período.