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1975: Culminación de una metrópoli industrial


En 1975 la ciudad metropolitana contaba con 2.984.000 habitantes en sus 27 municipios, 1.755.000 de ellos en el término de Barcelona. La nueva dimensión de la ciudad, extendida a ambos lados de Collserola, debía mucho a la inmigración de las dos décadas anteriores. Un 48% de los habitantes de la metrópoli había nacido fuera de la provincia (un 44% fuera de Cataluña). Destacaban con mucho los andaluces, seguidos por castellanos, aragoneses, extremeños, murcianos y gallegos; sin olvidar que en estos años continuó la emigración desde el campo catalán hacia la metrópoli barcelonesa.

El desarrollo continuado de los sectores metal-mecánico, simbolizado por SEAT, y químico había atraído mano de obra especializada, mientras que la población poco cualificada de origen rural se empleaba en los trabajos en serie en la industria y la construcción y en la atención personal en el comercio y los servicios. En menor número llegaron también funcionarios, profesionales y empleados cualificados en busca de mejores oportunidades, en tanto que la cifra de extranjeros, en su mayoría ciudadanos acomodados, se mantenía en unas 27.000 personas.

 
 

Los recién llegados de los años del “desarrollo” conformaban un abanico social más amplio que en el primer tercio del siglo, siendo mayor aún su diversidad de orígenes.

Ciutat Vella se mantuvo después de la guerra civil como puerta de entrada a una ciudad llena de realquilados y pensiones, mientras los barrios suburbiales se expandían y el barraquismo alcanzaba su máximo histórico. Hasta que, a partir de los años sesenta, la población alojada a precario fue absorbida por los polígonos residenciales de la periferia, que se convirtieron en un paisaje fundamental de la metrópoli.

El grueso de los recién llegados no sólo contribuyó al desarrollo urbano, económico y cultural de Barcelona, sino que hizo suyas las reivindicaciones políticas y nacionales de Cataluña. Mientras, la mejora de los medios de comunicación, con el abaratamiento del teléfono y el automóvil, incrementó sus conexiones con el lugar de origen, destino frecuente de las vacaciones de verano.