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2007: Metrópoli de Europa, ciudad globalizada


En 2007 la ciudad metropolitana contaba con 3.150.000 habitantes en los 36 municipios del nuevo Plan estratégico metropolitano (1.595.000 en el municipio de Barcelona). En su composición mantenían un lugar destacado las personas nacidas fuera de la provincia y fuera de Cataluña que habían llegado a Barcelona muchos años atrás. Lo novedoso era el incremento de los nacidos en el extranjero, que constituían casi un 16% de los ciudadanos del Área Metropolitana.

La inmigración más reciente, llegada de todo el mundo, muestra unos orígenes, una formación y una composición social más diversos que en todas las migraciones anteriores. A lo que hay que añadir la variedad de situaciones jurídicas personales, con una diferencia relevante entre los que proceden de la Unión Europea y los extracomunitarios.

A menudo son los ciudadanos llegados de fuera de la Unión quienes ejercen los trabajos más precarios, desde servicios personales y sanitarios hasta la hostelería y la construcción.

 
 

Sin embargo, a lo largo de la década 1998-2007 el crecimiento económico ha propiciado una relativa movilidad laboral: no son pocos los recién llegados con una cualificación superior a la requerida en su trabajo. En el polo opuesto de la escala social, el ambiente barcelonés atrae a jóvenes europeos y a directivos de grandes empresas. Entre unos y otros, destaca la presencia de nuevos ciudadanos con una marcada vocación mercantil, cuya actividad es bien visible en el paisaje metropolitano.

Ciutat Vella ha vuelto a ser una puerta de entrada, pero con el paso de los años los barrios de llegada y de asentamiento se han diversificado, sobre todo al producirse los reagrupamientos familiares. Se constata el desplazamiento de los nuevos ciudadanos de rentas medias y bajas a la izquierda del Eixample, L’Hospitalet y la periferia del suroeste (en especial los latinoamericanos) y hacia los distritos de levante y los municipios metropolitanos del nordeste (sobre todo los recién llegados de Asia y África), en tanto que los inmigrantes socialmente bien situados buscan vivienda en los barrios más acomodados, a excepción de los estudiantes, amantes del casco antiguo.

En cualquier caso, no destaca la consolidación de guetos, sino que más bien se observa la reiteración de pautas de movilidad y asentamiento urbano ya conocidas y experimentadas en el pasado.