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Las olas migratorias en la historia de Barcelona


BARCELONA, CIUDAD INMIGRANTE.El crecimiento y la conformación de Barcelona, como los de todas las grandes ciudades, han estado históricamente vinculados a los aportes migratorios, ya sean lejanos o más próximos: basta mencionar la llegada de numerosos occitanos a la Barcelona de la edad moderna, huyendo de las guerras de religión en Francia. En cada momento histórico, estos flujos humanos han supuesto una aportación de capital social que, en condiciones más o menos difíciles, ha revertido en el progreso de la ciudad.

Desde los inicios de la revolución industrial, en el siglo XVIII y sobre todo a lo largo del XIX, ha sido importante la inmigración a Barcelona desde el interior de Cataluña. En el siglo XX, la formación de una gran metrópoli se ha nutrido de sucesivas olas migratorias provenientes de territorios cada vez más distantes. Durante el primer tercio del siglo, la afluencia de mano de obra poco cualificada procedente del levante peninsular, equilibrada por la incorporación de algunos extranjeros en las élites, se produjo en condiciones durísimas, en un clima de grandes desigualdades y de fuerte enfrentamiento social.

 
 

La segunda gran ola migratoria del siglo, la de los años cincuenta y sesenta, trajo consigo un período de mayor crecimiento económico. Llegaban personas de toda España a una ciudad que, bajo la costra de la dictadura, generaba más riqueza y se reorganizaba. La lucha compartida de autóctonos e inmigrantes por una mayor igualdad, por la democracia y por la ciudad fue también la lucha por la cultura propia y por el autogobierno nacional de Cataluña; y gracias al tren, al teléfono y al coche, los recién llegados tuvieron cada vez más al alcance la conexión con las aldeas y pueblos que habían abandonado.

Entre 1998 y 2007 los nuevos barceloneses, llegados de todo el mundo, han conformado un conglomerado humano más amplio y variado que nunca, en una metrópoli que los ha recibido de manera también diversa. Es difícil prever hasta qué punto la crisis iniciada en 2008 marca la entrada en un período diferente al de esta década de intenso crecimiento económico y humano en una ciudad que se globalizaba.